Es indudable que la ciencia avanza a pasos agigantados, a veces a niveles insospechados, en donde la línea entre lo moralmente permitido y lo legalmente rechazado es casi imperceptible.

En el caso de la tecnología de alimentos, en poco tiempo se han dado avances transcendentales, que aseguran dar con la solución eficaz a la mayoría de los problemas que actualmente aquejan a las sociedades, como lo es la escasez de alimentos, los bajos índices de acceso alimentario de una gran parte de la población y por ende gran porcentaje de pobreza y desnutrición.

Una alternativa, que ha logrado solucionar en gran medida estos problemas, pero a la vez levantar gran controversia y debate, lo constituye la producción de alimentos transgénicos. Es decir, aquellos alimentos, que artificialmente, son alterados en su estructura molecular con cualidades de otra especie para lograr productos más resistentes, nutritivos y con un tiempo de producción menor.

No obstante, son muchos los ecologistas, principalmente Greenpeace, quienes rechazan esta solución, argumentando que se estaría manipulando de forma impositiva a la naturaleza, a capricho de los científicos. Asi mismo, sostienen que se estarían liberando al ambiente estos alimentos transgénicos, con consecuencias insospechadas. Bajo estos lineamientos ¿qué es lo naturalmente correcto?

Particularmente, creo que no hay respuesta 100% satisfactoria desde alguna de las dos vertientes ya mencionadas. Pues por una parte y a favor de los alimentos transgénicos, es indudable la posibilidad de reducir los niveles de pobreza a través de esta innovación, misma vez que se reducen los alimentos desechados que no se llegan a consumir por dañarse precozmente. Adicionalmente, en muchos países europeos, se permiten la producción y venta de alimentos transgénicos, no obstante estos no son 2liberados”al ambiente, sino que se mantienen bajo estricto control.

En contraposición, y apoyando la perspectiva de los ecologistas, es fácil entender la preocupación respecto a los límites permitidos para los alimentos transgénicos. Ya que no es lo mismo, alterar el material genético de una fruta o vegetal que el de un animal.

Por ello, y a modo de conclusión lo que se puede esperar es que las legislaciones de los países se aboquen a cubrir esas lagunas legales, que puedan utilizarse para la manipulación genética de las diversas especies de forma incontrolada.