A medida que los nuevos huracanes ganan fuerza en el Atlántico, los residentes de las Bahamas apenas han comenzado a recuperarse de las aldeas destruidas y las calles inundadas que trajo el huracán Dorian este mes. Las pérdidas fueron una sombría validación de un nuevo estudio dirigido por Stanford sobre el riesgo costero en todo el país.

El estudio predice que se triplicarán los daños relacionados con las tormentas si se degradan o pierden ecosistemas protectores como los arrecifes de coral y los manglares. Los hallazgos, publicados en Frontiers in Marine Science, están siendo utilizados por el gobierno de las Bahamas, los bancos de desarrollo y las comunidades locales para identificar áreas clave en las que la inversión en ecosistemas naturales podría apoyar un futuro más resistente a las tormentas.

“El cambio climático está obligando a los países costeros a contar con una nueva realidad de gestión de desastres y a replantearse el modelo de desarrollo de siempre para sobrevivir”, dijo Jessica Silver, analista de servicios ecosistémicos del Proyecto de Capital Natural de Stanford y autora principal del estudio. “En las Bahamas, las islas más afectadas por el huracán Dorian – Gran Bahama y Abaco – son las que nuestra investigación identificó como las más expuestas a los riesgos costeros en todo el país. Comprender y cartografiar las zonas de riesgo y sus activos naturales es un primer paso para cambiar las normas de desarrollo”.

El enfoque integrado utilizado por los científicos en este estudio también podría ayudar a otras comunidades costeras a planificar dónde invertir en hábitats naturales para reducir los daños causados por las tormentas. Se puede utilizar una combinación de software de modelado de código abierto y análisis ambientales de vanguardia con información local para identificar dónde y cómo las personas de las comunidades costeras corren mayor riesgo de sufrir desastres climáticos.